OBSERVAR-TE.
Siempre me ha gustado observar a las personas, intentaba ver sus vidas en cortos instantes, incluso me las imaginaba. Hasta he dejado ir autobuses, embelesada en las historias cotidianas que ocurrían en las Estaciones.
Ahora sé que lo que observaba era la vida pasar, con sus pequeños principios y finales; Bienvenidas y despedidas, su hasta luego, hasta la vista o hasta no sé cuándo; su por fin te veo, el “llegas tarde” o no hay nadie esperándote.
También, mientras los demás se divertían, mi entretenimiento era seguir observando, pero esta vez desde la comparación, tanto en carencia como al alza, haciéndome ver aquello que yo no era, desde la crítica o la pequeñez, sintiéndome inferior.
Pero siempre observaba hacia fuera.
En mí, solo habitaba el pensamiento, lleno de personajes con voz propia, que bajo un criterio heredado o aprendido conformaban lo que más tarde descubriría con el nombre de Ego. Pero sobre esto profundizare otro día.
Fue un “nuevo” concepto para mí, cuando descubrí la observación hacia dentro, gracias a la Terapia Transpersonal. Nunca lo había experimentado antes, por lo menos, conscientemente.
El significado de observar en el diccionario de la real academia es: “Mirar algo o a alguien con mucha atención y detenimiento, para adquirir algún conocimiento sobre su comportamiento o sus características.”
¡¡Adquirir algún conocimiento sobre su comportamiento o sus características!!
¿Pero cómo Observarse?
Al principio, me imaginaba como si me saliese de mi cuerpo, visualizándome desde arriba.
Eso me hacía sentir un poco más liviana. Mi respiración se relajaba y todo estaba bien, por esos segundos.
Poco a poco, podía observar cómo me separaba del remolino emocional que me atropellaba en ese momento, y así, dejar de regocijarme en el sufrimiento sin más, sin la necesidad de evitarlo ni buscar distracción para huir de ello, como hacía antes.
Era como hacer un Kit Kat, donde el tiempo se detenía sin la obligación del “hacer inmediato”, buscando la solución o comprensión, sin entrar en ningún momento en el juicio o la crítica, en el me gusta o no me gusta, está bien o está mal…Todo lo contrario.
Me daba una perspectiva amplia de lo pasaba dentro, de lo que ocurría y cómo funcionaba mi propio mecanismo, tecla a tecla.
Solo era lo que era y me habría las puertas de un nuevo conocer, pausado, que traía calma y una mirada tierna que brotaba del alma.
Paso a paso, se ampliaba la observación y se abrían enfoques desde distintos ángulos; cómo me sentía, con qué me conectaba, desde dónde me movía, como reaccionaba o cómo lo afrontaba. Y así, hasta darme cuenta, que cuando algo exterior me hacía daño, era porque estaba conectando con alguna antigua herida no atendida por mí, aún.
Más adelante, una vieja amiga me habló de como ella desde el silencio, la quietud y la concentración en su cuerpo a través de la meditación, encontró una puerta más profunda a la observación. Un cable de conexión a su propia naturaleza.
De entrada, no la entendía, hasta que un día me sorprendí ralentizando mis pasos y llevando toda la atención a mis pies, sintiendo que estos besaban el suelo por donde pisaba.
Y eso, me regaló el saber cuándo estaba conmigo o desconectada de mí.
Ahora la apertura era desde dentro, solo tenía que conectar con mi cuerpo en presencia y él se abría con expansión, con totalidad. Invitándome, definitivamente, a conectar conmigo y saber que ése era el camino que me llevaba a casa.
Algo más grande e importante se abría en mí, creyese o no creyese en ello, me gustase más o menos, fuese fácil o difícil, corto o largo…ya no había retorno, era más fuerte que yo, hasta que me di cuenta, que lo que brotaba era mi propia sabiduría interna.
La certeza hacia dónde y cómo seguir se iluminaba, claro está, después de rendirme a esa obcecada lucha mental.
Pasé de la Observación a la Conexión directa.
Hoy en día mi cuerpo me pide muy a menudo que baje unas marchas, sacándome del automatismo.
Ahora me encanta pasear por esos jardines del conocimiento transpersonal, mostrándome los senderos olvidados en el inconsciente, que me llevan a mi esencia y así, comprender y acoger como fue el recorrido que me trajo hasta aquí.
¿Dónde estoy, fuera o dentro?
¿Conmigo o sin mí?
¿En mi o en ti?
¿Y tú?
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