Nada que cambiar, sí que Abrazar.

 

Vivimos constantemente creyendo que algo tiene que cambiar, ya sea una situación, la persona que tenemos enfrente o incluso nosotros mismos.

Querer cambiar algo es querer que sea de otra manera, que no sea como es.

Lo sé porque yo misma intenté cambiar durante más de la mitad de mi vida.

Te voy a compartir algo…

La verdad, siempre me ha acompañado un halo de melancolía, una tristeza seca que me apartaba de todo, me hundía y dejaba sin fuerzas.

Muchas veces he escuchado -Es que eres muy triste- sentía que esa parte de mí no gustaba, no era bonita, por ello la negaba.

Me cabreaba porque no la entendía, la detestaba y la intentaba ocultar. Pero en mis pasos y en mi latir siempre me acompañaba, como si fuese mi propia sombra.

Me decía continuamente: ¿Otra vez estás con la misma cantinela? Esto lo tengo que cambiar, contigo acabo yo.

Hasta que un día leí una frase que decía: “Si la tristeza pega a tu puerta, ábrele y déjala pasar.”

Eso tocó mí corazón, invitandome a cuestionar:

¿Tendrá algún mensaje para mí y lo estoy evitando?

¿Y si le doy espacio para que se pueda expresar libremente?

Al fin y al cabo, vive dentro de mí.

!!Sino, sería como pretender separarme de mi propia sombra¡¡

Así empezó, como un juego, como una amiga que me visitaba de vez en cuando para hablar.

Me contó historias que yo no recordaba, cosas que ni imaginaba. Me di cuenta que llevaba un gran peso y que yo la había dejado sola.

Hubo tardes de silencios compartidos, noches largas de acogidas y amaneceres que nos sorprendían.

Empecé a comprenderla y a sentirla como una aliada, a observar que cuando ella estaba, yo conectaba con una parte muy profunda que a la vez me sanaba.

Me mostro su lado más dulce, es extraño y difícil de explicar, es una Tristeza calmada que viene acompañada de la Aceptación de verdad, sin obligarte ni empujarte a soltar.

Es el “Todo está bien”, el “Todo es perfecto tal cual es”, aunque conlleve tristeza.

Luego escuche que en el Budismo ya se hablaba de esa Tristeza Dulce.

Donde la Rendición se abre al aprendizaje, y el aprendizaje es la lección.

Hoy en día me alegra que me venga a visitar, sé que cuando aparece es porque necesito conectar con esa parte profunda donde solo ella me sabe llevar.

Dale voz a aquello que reniegas de ti, son solo partes no atendidas…quizás te sorprendan.

Antes de querer cambiar algo: conócelo, escúchalo, abrázalo y luego decides.

Al final, el cambio viene solo, sin buscarlo ni provocarlo, con la Acogida.

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